Testimonio Hna Claire-Agnès

Me llamo Hermana Claire Agnès, soy francesa. Entré en la Comunidad de las Hermanas de San Juan en 2004, a la edad de 20 años, después de mis estudios literarios (hypokhagne y khagne). Cuando fue la disolución de la Comunidad de las Hermanas de San Juan y Santo Domingo, yo me encontraba en nuestro priorato de Holanda. Perdí mi cobertura social local y dejé Holanda para ir a Francia, donde todavía estaba asegurada en la Cavimac (Caja de los Cultos) pero, solamente hasta el 28 de agosto: la reducción al estado de laico ocasionó la cancelación de la CAVIMAC. Entonces comencé enérgicamente, en vista de obtener la CMU y la CMUC desde finales del mes de agosto, algunos pasos administrativos:

–          Apertura de una cuenta bancaria

–          Constitución de archivos, redacción de diversas cartas

–          Redacción de un CV, inscripción en Pole Empleo

–          Inscripción en la CAF

En el momento actual, puedo gozar del beneficio de la RSA-socle, de reducción de transporte de la CMU y de la CMUC, así como el seguimiento de un organismo especializado en materia de reinserción.

En el momento de mis diversas entrevistas encontré comprensión, compasión, pero también estupefacción frente a la situación extremadamente precaria a la cual estaba bruscamente reducida en el invierno pasado, como 150 de mis hermanas.

Igualmente siempre señalé mi firme voluntad de reintegrar la vida religiosa cuando fuera posible. En efecto, mi vocación «viene de lo alto»: es Dios que me eligió y me  llamó, y que continúa haciéndolo. Creo, en verdad, que nadie puede impedirme  responder. Mi deseo y mi alegría real de consagrarme a Dios en una vida contemplativa Joánica, no hace más que crecer durante estos cuatro años de crisis. Soy feliz en decir que más allá del sufrimiento legítimo, estoy bien ¡en todos los aspectos! La formación recibida en la Comunidad de las Hermanas de San Juan, tanto a nivel teologal como a nivel humano, me enseñó a respirar profundamente y me fortificó mucho. Tengo confianza en Dios que no abandona a los que han dejado todo para seguirlo. Esperando encontrar una vida monástica regular, trato de «no perder tiempo interiormente», de permanecer fiel a mi vida de oración y de ofrenda, en la acción de gracias por todo lo que he recibido de Dios y de mi Comunidad.

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