Respuesta al P.Thomas de Hna Claire-Agnès

Padre Tomás Joaquín
Superior general de los Hermanos de San Juan
9 de junio de 2013

«No extingáis el Espíritu»  (1 Ts 5,19)

 Padre,

Soy una antigua hermana de San Juan y Santo Domingo, reducida al estado laico después de la disolución de la Comunidad por el cardenal Bertone en enero pasado. El padre Philippe sigue siendo mi padre, teniendo consciencia de la carta que usted envió a sus Hermanos, carta largamente difundida, no puedo impedirme de escribirle.

Quiero decirle claramente mi desacuerdo total con las acusaciones tomadas contra el padre Marie Dominique Philippe, así como también la manera de cómo las transmite a sus Hermanos, y al gran público. El padre es inocente.

La imprecisión de los hechos evocados en su carta no escapa a nadie, los testigos son «juzgados creíbles», lo que se sobre entiende como una posibilidad y no una certeza. En ese caso, publicar una crónica de esa clase no sirve más que para ultrajar a nuestro padre. ¿Por qué, antes de escribir no utilizó los procedimientos jurídicos que les hubiera permitido invalidar los hechos? Actuando así, siembra la turbación en los espíritus más débiles, poco ilustrados, poco o nada informados sobre las terribles luchas que atraviesa la Iglesia actualmente y de la cual el padre, así como nosotras mismas, Hermanas de San Juan y Santo Domingo, somos víctimas; usted difama el honor del padre Philippe y  el de su familia según la carne. ¿Esta misma familia fue consultada, informada, antes de la publicación de su carta?

¿Por qué de repente se da más crédito a las declaraciones no certificadas de esas personas, más bien que al testimonio de vida que nos dejó nuestro fundador? ¿Habríamos actuado de la misma manera con nuestro padre? ¿Qué se busca en el fondo sino sembrar definitivamente la sospecha en el padre y su obra?  ¿Vamos a caer en la trampa del demonio que ni siquiera sabe ser original en su manera de atacar a los fundadores de comunidades religiosas fervorosas? ¿Cómo ignorar que el padre cuenta con numerosos enemigos en la Iglesia, activos en su voluntad de desacreditarlo a la vista de todo el mundo, esencialmente por celos? ¿Vamos a continuar en ceder frente a las presiones de una minoría hostil al padre, mientras que muchas personas, fieles, religiosos, sacerdotes, vicarios de la vida religiosa, obispos y aún cardenales, no se callan en su gratuidad frente a todo lo que el padre les da? Usted deplora, en su carta, una «idealización» del fundador, yo me pregunto lo contrario, si se ha tomado verdaderamente la medida de lo que el padre Philippe aporta a la Iglesia. Y permítame agregar que, por haber vivido en la Comunidad de San Juan de 2004 al 2012, no sé de qué idealización se trata.

En lo que se refiere al tipo de acusación contra el padre, me pregunto cómo se puede tener la ignominia de desfigurar estos simples gestos de acogida, de compasión, de misericordia, donde el padre entregaba lo mejor de su sensibilidad, totalmente al servicio de la caridad. Puedo afirmarle que mi padre espiritual, Monseñor Adolfo María Hardy, tuvo conmigo esos gestos tan hermosos de un padre de misericordia, y que los tuvo en la capilla de los Hermanos en Saint Jodard, el 5 de mayo de 2005. Nuestro papa Francisco, él mismo ¿no es de esta misma índole? También rezo para que los que presentaron una denuncia tengan la honestidad de desmentir rápidamente los hechos. Y le ruego, padre, en nombre de la verdad a la cual lo consagra su vocación joánica, quee tenga el valor de llevar hasta el fin una verdadera encuesta y que, mientras tanto, tenga el valor de retractarse públicamente con respecto a las sospechas contra el padre, de la casi totalidad de los Hermanos del Capítulo.

Termino dándole un pequeño testimonio personal sobre el padre Philippe. Cuando entré en la Comunidad de las Hermanas de San Juan, contaba con altos estudios literarios, llegué con un sentido crítico agudo, una gran sed de verdad, muchas interrogaciones y una profunda exigencia de la pureza de la enseñanza. En ninguna parte he encontrado una formación tan pura, tan nutriente, capaz de dar verdaderas respuestas a mis preguntas. El padre tiene el don de encontrar, en la profundidad y en la precisión, la claridad, la sencillez, el sentido de lo esencial. Siempre he tenido confianza, porque esta enseñanza está fundada en la realidad, tal cual es, y que nos vuelve a conducir a ella. Es exactamente de lo que yo tenía sed para llevar mi vocación contemplativa, ayudándome a mantener los pies siempre en la tierra.

En ese momento cuando buscaba mi vocación, estaba muy impactada por esta palabra del Evangelio de san Juan: «Conságralos en la verdad» (Jn 17,17). El padre me permitió vivir esta consagración en la verdad a la cual Dios me llama con fuerza.

Se le reprocha a la «ética del padre» de ser laxista, lo que quiere decir, que actuar por amor y no por deber, conduce al relajamiento. Hace 8 años y medio que escucho cada semana los cursos de ética del padre, y los encuentro muy exigentes. Es muy fácil desfigurar una enseñanza y reprocharle de ser la causa de nuestras debilidades. El padre Philippe nunca negó la «forma», simplemente la puso en su lugar, al servicio del amor, así como Cristo reordena la ley con la caridad. La primacía del deber nunca ha desarrollado a nadie, y se opone frente al Evangelio.

Además de hermana Alix Parmentier, elegí al padre Philippe como guía para mi vida consagrada porque él me ayudó, por su testimonio de vida y por sus escritos, a dar todo con fervor, con impulso, libertad de espíritu, alegría y humildad. Me ayudó a tener una mirada verdadera sobre Dios. Me condujo muy lejos en el don de mí misma, y es de eso de lo que tengo sed. Me enseñó a no detenerme aún en medio de los más grandes sufrimientos, sino al contrario, a servirme de ellos. El padre me enseñó a tener la audacia de querer avanzar muy rápido, me dio de ello tanto el ejemplo como el gusto. Todo  eso de lo que le acusan no quebranta en nada mi determinación en seguir apoyándome en él, simplemente porque experimenté los frutos de eso.

Ignoro, padre, si hará caso de mi carta de una simple consagrada, pero le agradecería que tenga el valor de contestarme.

Cuente con mi oración, en María

Hermana Clare Agnès GOLDIE+

P.D. Una copia de la presente carta ha sido enviada a las personas más cercanas a mí.

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